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En el marco del proyecto “Sentipensar el poder del arte” dejamos abierta la posibilidad de que las y los estudiantes escogieran una situación cotidiana que quisieran problematizar y transformar. Como lo expusimos anteriormente, por el momento que estaba viviendo el país y la situación del día a día en la ciudad de Quibdó, los estudiantes escogieron como tema central la relación entre la violencia y el racismo.

 

En los primeros encuentros del laboratorio profundizamos el tema del racismo con la lectura del libro Las Memorias del Odio de Rogerio Velázquez y la película Doce años de Esclavitud; exploramos, además, diversos cortos y documentales en torno a las problemáticas de racismo estructural, microracismo y endoracismo. Visitamos el Centro de Memoria Muntú Bantú y tuvimos el privilegio de ser guiados por el historiador Sergio Mosquera. Adicionalmente, trabajamos el concepto de necropolítica de Achille Mbembe (2020) y la narcoestética desde el proyecto artístico e investigativo Narcolombia liderado por los profesores Omar Rincón, Lucas Ospina y X Andrade de la Universidad de los Andes. Exploramos el capítulo étnico de la Comisión de la Verdad  y tuvimos la visita de los funcionarios de la Casa de la Verdad de Quibdó, Adith Bonilla y Daniel Villegas con quienes hablamos sobre El Legado de la Comisión y el compromiso de la universidad para mantenerlo. En cada uno de los encuentros del laboratorio, dejábamos espacios de pensamiento de las y los estudiantes. Esto implicaba que después de leer, observar y escuchar, tenían un espacio para escribir, dibujar o procesar desde diferentes lenguajes sus propias reflexiones en torno a las distintas temáticas.

Las y los estudiantes a partir de estas reflexiones comenzaron a poner sobre la mesa sus ideas:

"hasta que la dignidad se haga costumbre"

En ellas, pudimos  ver las formas de representación en torno a sentimientos y emociones que se derivan de una reflexión sobre la discriminación y la violencia. Desde las expresiones individuales, surgieron luego apuestas colectivas que derivan en el  performance  “Hasta que la dignidad se haga costumbre”, en donde diferentes postales conjugan imagen, sonido, textos y olores, para expresar la emergencia de una nueva subjetividad que se recoge en esta frase popularizada por Francia Márquez y que simboliza una nueva mirada frente a la resistencia y las formas de relacionamiento de los territorios y los sujetos racializados con los círculos tradicionales de  poder y la narcoestética.

Las y los estuciantes expresaron cómo querían  narrar desde el cuerpo, la imagen y el sonido, las emociones y reflexiones en torno al racismo, la violencia de las bandas delincuenciales y la violencia basada en género: 

 

“Se que se debe hacer una obra de arte en la que se refleje ese bulling, el acoso sexual y la violencia que sufre el territorio”.

 

“Yo quiero hacer como una campaña con lo que dice Francia Márquez de `Vivir sabroso’. ¿Cómo desde la educación podemos acceder a la libertad?, ¿cómo desde mi cuerpo como territorio genero alegría? y ¿cómo como colectivos artísticos generamos conciencia?

 

“Yo lo que quisiera es una clase de poesía con una letra construida por nosotros, donde tengamos un desglose del racismo y la violencia. Ya que son los dos fenómenos, las dos problemáticas que nos afectan y que esa letra, esa poesía sea chocoana, con acento chocoano, como nuestros ancestros hablaban. Los que eran de campo, con una métrica musical de coro e instrumentos de fondo. Que mientras él habla y tiene una pausa, se haga el coro y vaya un músico acompañando y exponer el mensaje con dibujos también, la manera que él va hablando y va madurando, va solucionando, vamos cambiando de imagen. Un momento que podemos aprovechar también ahí a todos y los danzarines representan lo que se está hablando y lo que se está mostrando con dibujos. Con mensajes corporales sutilmente abreviar o agregar a todo lo que se está hablando mientras el poeta expone su obra”.

 

Una reflexión en torno al endorracismo:

 

“Básicamente es tomar las actitudes endorracistas que hay ahoritica y que de pronto vienen de hace muchos años, de tiempos de la esclavitud y hacer un corto como en paralelo y mostrar que todavía hay ese tipo de comportamientos que fueron influenciados en ese tiempo por los blancos y que ahora todavía nosotros mismos los practicamos, a pesar de que ya no está esa relación directa con la esclavitud”.

 

Una reflexión sobre la manera en que ciertos comportamientos de la esclavización siguen presentes en las formas de relacionamiento de los mismos coterráneos:

 

“Y le dice el amo ¿quieres tu un caballo? Y él le dice no, yo quiero que él no lo tenga. Entonces luego hacerle el paralelo de la escena … ya no es un caballo, no sé, tal vez una moto por decirlo así. Y entonces ya mostrar que estos personajes ya ahí no está el esclavista blanco, inclusive con las mismas actitudes: “Es que ay!  mira es que él anda en una moto chimba. Ah ¿tú quieres una de esas? ¡No yo quiero que él no la tenga! Y pues cambiarle el contexto. Explicar que primero había un contexto esclavista que llevaba al negro a ser o hacer tal actitud y luego de que eso ya se quedó ahí, que ya no hace falta la influencia de otros, sino que es uno mismo contra uno mismo”.

 

Se vivencia también en la forma en que nos relacionamos con la herencia indígena y africana:

 

“No es sólo el blanco y el negro, ¿cierto?, es mirar también cómo nos relacionamos con los indígenas porque aquí hay ciertas divisiones, aunque no pareciera, ¿cierto? Entonces es mirar desde el ámbito de cada persona, cómo una mujer afro quiere cambiar su cabello y tenerlo liso. Digamos que eso también viene siendo algo como: ¿por qué lo hace? ¿Viene de una historia, cierto? Detrás de su familia, de hecho, nos contaba la compañera que a veces desde la familia le decían es que tú tienes ese pelo muy malo y digamos que eso es algo que va ensañado en cada persona. Podemos mezclar diversas formas de racismo, plantearlas y mirar las que vivimos hoy en día y que incoherentemente a veces caemos en el error y no sabemos que estamos haciendo parte del racismo”.

 

También quieren explorar la situación actual que viven ellos como jóvenes en Quibdó, una de las ciudades más violentas del país (ASINCH, 2022):

 

“¿Qué conlleva a los jóvenes a ser parte de las bandas delincuenciales?, o ¿por qué acuden a consumir sustancias psicoactivas? Que se muestre desde el comienzo para que la gente tenga una claridad y sepa por qué los jóvenes estamos viendo lo que se ve hoy. Y no los jóvenes, sino la sociedad”.

 

“Una puesta en escena donde un estudiante se enfrenta a la realidad que vivimos, a las diferentes problemáticas, donde está el alcohol, está la drogadicción, la seducción a las bandas, todo. Donde estén por decirlo en un salón de clases y venga el novio y la saque, o la novia y lo saque del salón y entonces ya se pierdan, lo que es en el alcohol, lo que es en la drogadicción, todo eso. Y después el profesor buscando la pueda salvar y a lo último, pues la salve”.

 

Pensar imágenes de resistencia frente al discurso del miedo y la zozobra:

 

"Para vivir, no solo es sobrevivir; con la película que nos vimos de los 12 años de esclavitud y la palabra "libertades" va más que todo enmarcado en ese deseo grande que tenemos de que el país cambie, de que muchas cosas en la vida de nosotros cambien, ¿Ya? Porque a veces en su adentro todos sabemos que estamos como atados y la verdad necesitamos esa gran libertad. Entonces, pienso en un puño que significa esa gran fuerza, esas ganas de que nosotros, de generar de verdad esos grandes cambios en nosotros. En la mitad del puño encontramos unas siluetas donde tal vez no se alcanzan a ver bien, pero ahí se representa una cuestión de libertad, hay un señor con un megáfono; con ese megáfono nosotros podemos exponer cada una de las cosas en las cuales nosotros nos tienen oprimidos y por ahí podemos reclamar la verdadera libertad que necesitamos. Hay un señor con una bandera donde se ve que la bandera es otra forma de reclamación, de pedir, de muchas cosas. Por ahí también entra otra imagen donde hay un señor con una gorra que significa algo como la oportunidad para los ancianos, por allá hay un tipo así bailando, es el entender las personas como somos, donde sencillamente es aceptarnos cada quien como es. Abajo, en la parte de abajo del puño encontramos las 3 etnias, está el indio, el blanco y el negro”.

“No todo el tiempo puede ser violencia, sabemos que es una realidad, pero hay pequeñas partes que también se dan donde convergen de pronto la raza negra, con la indígena y la mestiza en armonía. Entonces yo quiero, en mi propuesta, elaborar un cabezón que tenga las tres etnias, ya no en proporción grande si no algo pequeño, pero que muestre que un solo cuerpo ocupa las tres etnias y que, a partir de converger las ideas de todos los compañeros, para que puedan darle aportes con sus manos, otros compañeros pueden hacer su número escénico, que todos podamos mostrar algo en una unión. Más, sin embargo, se les hace una clase de esas tres etnias solas en un solo cuerpo. Mostrando la unidad de la cual habla Francia Márquez del vivir sabroso”.

 

También salió a flote, la necesidad de cuestionar la violencia basada en género y, especialmente con comportamientos que no han sido suficientemente problematizados como la viralización de imágenes íntimas en las redes sociales; pudimos comprender de qué manera pensar en racismo y narcoestética, pasa también por repensar la relación con el cuerpo de las mujeres:

 

“Bueno, yo quiero que realicemos una obra de teatro para que nosotros tomemos conciencia sobre esas malas acciones que tenemos en las redes sociales, y por qué traigo ese tema… En estos días me llegó un video de una muchacha que anda rodando teniendo relaciones íntimas, es como mirar ese comportamiento de nosotros los hombres. Porque todos aquí tenemos su hermana, sus familiares que son mujeres y es maluco que yo como hombre grabe a una mujer, que nos grabemos o que la mujer permita que uno la grabe, entonces realizar como una obra de teatro sobre eso.

Claro, porque desde ahí parte también que la mujer tenga miedo, porque a veces nosotros, de pronto algunos hombres llegan y graban a la mujer y la someten a hacer cosas que, porque tienen un video y chantajean a la otra persona, entonces también eso”.

 

Así, colectivamente fuimos tejiendo, moldeando, delineando… pensando cómo desde la música, el cuerpo, las imágenes, los olores, podíamos comunicar reflexiones intensas que sostuvimos en nuestros encuentros y que tienen como propósito comprender la capacidad del arte para controvertir regímenes emocionales que han naturalizado la injusticia y permitir que emerjan nuevos relatos.  El performance se presentó  en el IX Seminario de Educación Artística “De legados: arte, verdad y futuros posibles” y en el II Seminario Internacional Educación, Ciencia y Sociedad “Experiencias y desafíos para la paz social y ambiental en los territorios”. En esta puesta en escena nos interesó problematizar   las posibilidades de análisis y reflexión crítica que podemos generar en nuestros entornos de educación artística, para hacer de estos escenarios pedagógicos, espacios para la justicia, la paz, la transformación social y las nuevas subjetividades en los territorios.

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