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Recorridos por los sitios de memoria: Antioquia

A partir del 25 de agosto de 2015, la Corporaloteca emprendió un viaje con un grupo de líderes  de Bojayá , para conocer la experiencia de diferentes lugares de memoria que se han  levantado en el país en honor a las víctimas de la guerra y en honor a la verdad. Nuestro primer viaje fue al Municipio de Granada Antioquia para conocer la experiencia de las vícticas a través del "Salón del Nunca Más" y el Jardín de la Memoria. El 27 de agosto llegamos a Medellín para conocer diferentes experiencias como El Museo Casa de la Memoria, las resistencias sociales del Faro en la Comuna Ocho, las Mujeres Caminantes por la Verdad que se reunen todos los días en la Escombrera para saber la verdad sobre sus hijos, padres y hermanos desaparecidos en medio de una guerra que no les pertenecía, La Casa Kolacho con el Grafitour, el proyecto de empoderamiento y formación étnica y cultural Son Batá y la trayectoria de vida, resistencia y celebración de la vida del proyecto de Aka con "Semillas del Futuro" y "Agroarte", que se dedican a llenar las calles de color y a sembrar vida por la comuna 13 de Medellín y sus comunas vecinas, diciendo No a la Muerte, No a las Fronteras Invisibles y No a la estigmatización de los jóvenes que habitan este territorio. El objetivo de estos viajes es aprender de las diferentes experiencias para pensar en un espacio que dignifique a las víctimas y conmemore la masacre de Bojayá como un acto simbólico para el rechazo social y la no repetición de estos hechos que han teñido de sangre las aguas del Atrato y el corazón de tantos colombianos. Un equipo de la Corporaloteca conformado por Ana María Arango, Alejandro Bernal y Alicia Orjuela se encargará de acompañar al grupo de Bojayá y llevar a cabo las memorias sonoras y audiovisuales de su recorrido. 

Recorridos por la memoria: Tumaco

 

Después de nuestro recorrido por Granada (Antioquia) y por los espacios más emblemáticos de las luchas sociales en las comunas Ocho y Trece de Medellín, emprendimos un viaje a Tumaco. En Tumaco estuvimos en tres escenario que rinden un homenaje a las víctimas, a los líderes, a los movimientos sociales, a quienes han muerto y a los desaparecidos: La casa Afro de la Juventud del Barrio Nuevo Milenio y su  Campo Santo, la Casa de la Memoria del Pacífico Nariñence y el Parque de Nariño que encarna las luchas y los duelos de la población tumaqueña y en donde hace catorce años asesinaron a la Hermana Yolanda Cerón; una mujer que trabajó sin descanso por la defensa de los territorios y la dignidad de la población afro e indígena de la región. Precisamente nuestra llegada coincidió con La Semana por la Paz que en Tumaco se lleva a cabo del 13 al 20 de septiembre para rendir un homenaje a la Hermana Yolanda.

 

La Semana por la Paz resumió una cantidad de expresiones que pudimos contemplar; muchas de estas expresiones se encarnaron en las artes vivas: el teatro, la música, la danza… expresiones que recuerdan las atrocidades por las que han tenido que pasar las poblaciones del Pacífico pero que a la vez transmiten  fuerza y esperanza. En nuestra visita fuimos acogidos por la Diócesis de Tumaco y su Grupo Semillero de Teatro por la Paz. También compartimos en este recorrido con el Grupo de Teatro por la Vida de Buenaventura. Los dos grupos llevaron a cabo una presentación. El grupo de Buenaventura presentó su obra “Tocando la marea” que narra el drama de los barrios de Buenaventura en donde las redes de solidaridad a causa de la violencia están totalmente resquebrajadas. El grupo de teatro de Tumaco nos presentó la obra “Mi ombligo se queda aquí” en donde se muestran las estrategias de resistencia de la población  frente al hostigamiento de los actores armados. Las dos obras desde lenguajes muy diferentes son una expresión del inconformismo que se vive en las ciudades del Pacífico por el control de los grupos y el miedo que despiertan en la población. Tal vez lo más bonito de estos dos grupos de teatro es el encuentro intergeneracional que en ellos se da. Pudimos ver mujeres de ochenta años con niños de once actuando bellamente con un gran talento.

 

Las fotos de los muertos y desaparecidos en el Parque de Nariño llama la atención de muchos transeúntes que de manera planeada o desprevenida llegan allí y se detienen a buscar a sus familiares, amigos o conocidos. Muchos de estos rostros están también en la Casa de la Memoria y tenerlos allí es un acto simbólico que recuerda que no han sido olvidados. Las salas de la memoria son un homenaje al patrimonio cultural ancestral, a los movimientos sociales que aun hoy en día y después de que sistemáticamente han dado de baja a sus líderes, siguen resistiendo, a las mujeres que han llorado a sus hijos y sus esposos en esta guerra que no les pertenece y al mar, a la naturaleza y la esperanza por un futuro mejor. Estos lugares simbólicos son un refugio y un escenario para la sanación. Pero en Tumaco pudimos ver que la memoria en las comunidades afro más que habitar los lugares y los espacios tangibles, esa memoria habita en lo intangible, en las artes vivas, en el cuerpo en movimiento, en el sonido, en la canción, en el dramatizado. Porque la cultura afro es oralidad, es corporalidad y allí habitan los recuerdos, allá permanecen y se vuelven luchas espacios de resiliencia y de tejido social.